Un reto para estar a la altura

Tinixara Guanche, trabajadora social y responsable del área de Sociedad Civil de Podemos Euskadi.

 

4.-Bizkaia-TinixaraEn el año 2008, año de aprobación de la Ley  de Garantía de Ingresos y para la Inclusión Social, decía el entonces Consejero de Justicia, Empleo y Seguridad Social  del Gobierno Vasco que “los derechos sociales no pueden estar al albur de las coyunturas o los intereses, ya sean económicos o puramente electoralistas”.

¿Por qué empezar con esta expresión? Porque, si en el año 2008 era válida esa negativa a someter los derechos sociales a la coyuntura económica, ahora no. O al menos eso es lo que parece tanto para el PNV como para su socio, el PSE.

“Para el PNV, con el silencio cómplice del PSE, los derechos sociales ya no son una prioridad”

¿Qué ha cambiado entre el 2008 y el 2017? Sé que han pasado algunos años. Sé, por supuesto, que el contexto socio-económico no es el mismo. Como tampoco lo es el social, ni el laboral, ni la simple concepción de las personas empobrecidas desde el imaginario colectivo. También han cambiado, y aquí es donde creo que es fundamental la reflexión, los discursos de determinadas fuerzas políticas.

Si en el año 2015 Maroto era un enemigo a dejar en el ostracismo, hoy puede llegar a ser un compañero de viaje. Hoy de hecho no sólo es un socio en Madrid, sino también lo es en Gasteiz.

Si en el año 2008, tiempo de bonanza, la protección social era una prioridad, ¿cómo puede no serlo en el año 2017 si la desigualdad social es mucho mayor?

En este año 2017, los partidos que conformamos el Parlamento Vasco, nos hemos comprometido a emprender una necesaria reforma de la normativa reguladora de la RGI. Y vemos como para el PNV, con el silencio cómplice del PSE, los derechos sociales ya no son una prioridad. Vemos como ahora sí son susceptibles de estar al albur de la coyuntura económica y “donde dije digo, digo Diego”.

La propuesta de reforma presentada a finales de mayo por el Gobierno Vasco supone un recorte y no hay medias tintas en esa interpretación. Recorte que representa una importante y amplia agresión que afecta a diversos aspectos de la prestación pero que no va dirigida a resolver los problemas de ésta. Y no sólo eso, esta reforma es un ataque a las conquistas en derechos sociales de los últimos años. Conquistas fruto de luchas, nuestras luchas, las de todas, que cada vez parecen tener menos lugar y una respuesta más beligerante por parte de los partidos que sustentan el gobierno.

“Hay 59.497 personas que, según datos del Gobierno Vasco, están fuera de todo”

El vínculo de la RGI con el empleo, incorporado en el año 2011, ha sido un fracaso 6 años después, pero lo único que se ofrece como alternativa es el mantra de la Sra. Artolazabal de que “la mejor política social es el empleo ¿Qué empleo? ¿El de la precariedad, la temporalidad y las malas condiciones? ¿El de un servicio público de empleo que es el peor valorado de largo por la ciudadanía? ¿Por qué no buscar soluciones que vayan a las causas de esa precariedad? ¿Qué intereses hay detrás de todo esto?

Parece como si las soluciones planteadas se dirigiesen a una realidad que sólo ven ellas en el Gobierno, porque la de las personas, es totalmente distinta. Hay 59.497 personas que, según datos del Gobierno Vasco, están fuera de todo. Un tercio de personas afectadas por la pobreza que no encuentran amparo y mientras, el discurso es que quien no trabaja es porque quiere aprovecharse, parasitar el sistema o defraudar en él. Y eso, al menos a mí, me da miedo.

Da miedo y además, nos coloca en una tesitura en la que no puedo evitar que resuenen en mi mente, atronadoras, las palabras de Bertolt Brecht: “ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde” ¿Dejaremos que se nos haga tarde?

En el viraje del discurso, encontramos  una serie de afirmaciones que criminalizan o responsabilizan individualmente a las personas de la situación de pobreza en la que viven, sin atender en serio, a través de la implementación de políticas públicas, a los males estructurales. Sin hacer caso a las necesarias modificaciones que harían de las vidas de toda la ciudadanía, algo que merezca la pena ser vivido.

Porque es cierto que el fraude existe pero, ni de lejos solo en la RGI. Existe fraude y políticas que siempre pasan de “puntillas” por Hacienda, por las grandes empresas que no pagan lo que les tocaría aportar, por negocios que fomentan un clientelismo que sólo enriquece a unas pocas y a todas, nos empobrece. Porque las responsables que nos empobrecen no están en la cola de Lanbide, sino en algún ministerio, departamento, empresa energética o consejo de administración. Y es importante que seamos capaces de ver de esto antes de comprarnos ese discurso que, como sociedad, nos pone en riesgo.

Entiendo perfectamente, porque lo he vivido, que nos aterra y paraliza el riesgo a enfrentarnos con la pobreza, con las personas empobrecidas. Es aterrador mirar a los ojos a las personas olvidadas, a las que no tienen ni el derecho a ser reconocidas, porque mirarlas, duele. ¿Acaso no giramos la cabeza al cruzarnos con una persona que vive, que duerme en la calle?

Es humano, que ver a alguien en esta situación nos haga sentirnos vulnerables porque, ¿dónde está el límite? ¿Qué le lleva a una persona a dormir en la calle o no tener para pagar el alquiler o la hipoteca? En mis años en el trabajo social he aprendido de las personas en esta situación, que un mal paso, un tropiezo o la mala suerte, son suficientes para encontrarse así. ¿Por qué no buscar entonces soluciones que nos protejan a todas y nos sujeten ante ese riesgo?

¿Cómo podemos protegernos para que ese miedo no nos bloquee y acabe ahogándonos? En mi opinión, con algo imprescindible y que se asienta en dotar a la ciudadanía de seguridad.

Seguridad para sentir que si tropiezas te van a ayudar a levantar.

Seguridad para intentar emprender vidas autónomas y libres.

Seguridad para ser, para atreverse, para poder romper con situaciones de vida injustas, sintiendo amparo, sintiendo que no vas a caer.

Seguridad para ejercer derechos sin vergüenza, sin miedo, sin apuros, sin sentir que andas perdida y que no hay salidas. No como un “mal menor” sino como un derecho con mayúsculas.

Seguridad para estar informada y poder ejercer los derechos sin estigmatizaciones, sin sospechas de que “algo habrá hecho” para estar en una situación de pobreza o de precariedad.

Seguridad para tener derechos y sentirse empoderada para ejercerlos.

¿Y cómo acceder a esta seguridad? Blindando derechos. No hay otro camino y, no hay atajos.

Estamos ante una oportunidad y un reto, espero que todas sepamos estar a la altura.

Autor: BesterikGabe

Información y opinión. La actualidad a través de artículos. Hace tiempo que murió la objetividad.

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