Una renta para las personas

Begoña Arnaldes Alonso, periodista, militante de Podemos en las redes sociales y en las calles con el Equipo Itinerante de Visibilidad de Euskadi.

 

photo_2017-07-06_10-47-58El Producto Interior Bruto ha crecido un 0,8% en el primer trimestre del año con respecto al trimestre anterior. Todavía falta mucho para conseguir llegar a los niveles anteriores a los años de la crisis pero más todavía al reparto de la riqueza, como demuestra la distribución de la misma entre rentas de capital y rentas de trabajo.  La cobertura legal de los recortes de salarios propiciada por el gobierno del PP y su hermano en Euskadi, el PNV,  ha sido la consecuencia de la aplicación de un modelo económico capitalista en la que los beneficios revierten a la clase empresarial, dueña del patrimonio; la fuerza de trabajo, medida en salario, cada vez es menor.

La evolución acontecida durante este tiempo permite hablar de fin de la crisis solo a aquéllos a los que los dividendos que produce la puesta en marcha de su actividad económica permite diversificar la producción nacional e invertir en el extranjero. La clave de su gestión: desmembrar trabajos y,  consecuentemente, abonar míseros salarios en puestos de trabajo sin posibilidad de negociación colectiva y donde el derecho a la huelga se ve amenazado por fulminantes despidos o degradación de las condiciones laborales, ya de por sí exiguas. ¿Cómo, si no,  iban a aumentar los y las cotizantes  a la Seguridad Social, disminuyendo las cotizaciones? Está claro que la clase empresarial necesita ofrecer trabajo basura para enriquecerse, como demuestra la mayor importancia de estas rentas de capital en el PIB del país.

El peligro de un sistema capitalista como el que impera en Europa radica también en el poder que ejerce dentro del mismo la manipulación de los medios de comunicación: los mensajes enviados a la clase trabajadora le invitaban a un consumo desmedido; sustituyeron la capacidad adquisitiva por la capacidad de endeudamiento convenciéndole de que podía comprar lo que no le hacía falta,  provocándole una desviación material que les hizo creerse poseedores de riqueza cuando solo lo eran en apariencia; los estratos sociales más bajos son más vulnerables a estos mensajes y llegaron a definirse a sí mismos como “de derechas” en su intención de voto cuando no eran más que una parte, la más baja, del engranaje neoliberal.

Todo ha formado parte de este gran teatro que ha sido el modelo competitivo frente al modelo del bienestar: el predominio de la apariencia frente a la evidencia, la posibilidad de la masa salarial de adquirir barata la tecnología mientras les suben los  productos de primera necesidad.

El modelo depredador ha acarreado consecuencias tan graves como la apropiación del bienestar del ser humano en forma de privatizaciones sanitarias, educativas, servicios de atención de la tercera edad o guarderías. Urge como revulsivo la implantación de una Renta Básica Universal que dote al ser humano de otro significado que no consista en propiedad privada o la extendida idea de “tener de todo para vivir mejor”. Urge un modelo de sociedad que le devuelva a la clase trabajadora el estatus de “persona” que el actual modelo económico le ha arrebatado, más importante si cabe que  su fuerza de trabajo y tanto como la posibilidad de vivir dignamente por el mero hecho de serlo.  Una Renta Básica Universal sufragada por el Estado gracias a un reajuste fiscal que transfiera de las rentas de capital el caudal necesario para mejorar la sociedad porque permitirá que se escoja una reducción horaria sin la presión de quedarse sin empleo, que el cuidado de mayores y menores deje de ser patrimonio exclusivo de mujeres que en el futuro serían más pobres de lo que ya lo son porque deberían abandonar sus obligaciones laborales. Que todas y todos, en definitiva, seamos iguales y dejemos de ser servidumbre necesaria para el Capitalismo; más bien que el Capitalismo nos haga servicio como personas.

Autor: BesterikGabe

Información y opinión. La actualidad a través de artículos. Hace tiempo que murió la objetividad.

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