Vía libre para odiar a las mujeres

Zuriñe Ojeda se describe como feminista, roja y contestona, Gafa Morada porque es la única manera justa de mirar a la vida. “Si los que hablan mal de mí supieran lo que pienso de ellos, hablarían aún peor”.

 

photo_2016-12-17_22-01-38 (1)Es innegable que hemos avanzado mucho como sociedad. Sí, podemos dedicar unos momentos a felicitarnos, a darnos palmaditas en la espalda, no hay nada de malo en ello. Hace 40 años éramos un país socialmente oscuro, cateto, lleno de prejuicios, y con la religión católica vigilando cada uno de nuestros pasos. En televisión se contaban chistes de gangosos, de negros, de tartamudos, de maricones. La mujer de uno era su santa, porque era suya, y porque era la única no sospechosa de ser puta. Una de las diversiones si eras chaval en un pueblo era apedrear perros, porque ya de adulto los matabas si te daba la gana.

Con este panorama dejamos atrás (al menos formalmente) una dictadura y nos adentramos en las novedosas aguas de la democracia, y poco después, en la aventura de ser europeos.

Eso ha hecho que se pudieran escuchar las voces de lo que inicialmente eran minorías, y que esas voces, amparadas en los derechos humanos, consiguieran cambios legislativos que han ido poco a poco (muy poco a poco) transformando el pensamiento colectivo.

Entre tanta felicitación no nos engañemos. Esto, como todos los cambios a la hora de conseguir derechos, se ha hecho con lucha, con sudor, muchas veces con sangre y siempre con sacrificio personal. Y es a todas esas personas a quienes tenemos que agradecerles nuestra conciencia de no ser racistas, de no discriminar a nadie por sus condiciones o capacidades físicas, por sus creencias, o por su orientación sexual.

En algún caso hasta hemos sido pioneros a nivel mundial, por ejemplo con la ley de matrimonio y adopción homosexual. Habrá sido un descubrimiento para mucha gente ver cómo más de una década después de esa ley, los heterosexuales seguimos teniendo los mismos derechos.

Queda mucho por hacer y todavía muchas cabezas están por abrir (se entiende que metafóricamente), pero en ninguna materia tanto como en el machismo.

Las leyes también han estado ahí para las mujeres, porque la lucha feminista ha estado ahí. En la Constitución se reconoce que somos iguales, formalmente tenemos los mismos derechos, se ha reconocido el derecho al aborto y a disponer del propio cuerpo, y la LIVG ha señalado por fin la lacra del maltrato y asesinato de mujeres por el hecho de serlo.

En ningún medio de comunicación (sin tener en cuenta los fundamentalistas y minoritarios como 13TV, La Gaceta, etc.) se permiten mensajes homófobos o racistas. Quien lo sigue intentando, como los mencionados o Hazte Oír, por ejemplo, recibe el rechazo más que justo de toda la sociedad.

De hecho, se ha clasificado una categoría de conductas especial como “delitos de odio”, que conllevan una penalización judicial añadida,  y que son los siguientes (fuente: web oficial del Ministerio de Interior, www.interior.gob.es):

“La terminología “delitos de odio” se ha acuñado para definir a una categoría de conductas que presentan como factor significativo y común la presencia de un elemento motivador, el odio y la discriminación.

Los delitos de odio son aquellos incidentes que están dirigidos contra una persona motivados por un prejuicio basado en:

  • La discapacidad.
  • La raza, origen étnico o país de procedencia.
  • La religión o las creencias.
  • La orientación e identidad sexual.
  • La situación de exclusión social.
  • Cualquier otra circunstancia o condición social o personal.

Cualquier persona puede ser víctima de un delito de odio, con independencia de que pertenezca al grupo al que va dirigida la hostilidad o prejuicio.

Estas acciones pueden efectuarse contra las personas o la propiedad.”

Pero así como todos los demás avances han ido calando en la sociedad sin generar más rechazo que el de los fundamentalistas de siempre, el avance feminista se ha topado con una contestación y un rechazo impensables en otros temas.

Es cierto, las mujeres no somos una minoría. Somos la mitad de la sociedad. Y al parecer, sigue estando permitido, incluso bien visto, odiarnos.

Porque el machismo es eso en esencia, el odio a las mujeres. Y es el odio más transversal de la humanidad. Se ha extendido a lo largo de 10.000 años, por todo el planeta, en todas las sociedades, en todos los sistemas políticos, religiones y corrientes filosóficas.

Y aquí estamos, en Europa, en el siglo XXI, escuchando a políticos mandar a compañeras a fregar, diciendo que el aborto es terrorismo, normalizando el acoso sexual, tildando a mujeres de amargadas y frustradas por ser feministas.

Esto tiene su reflejo en la sociedad. Se ha instalado el odio al feminismo, la mentira repetida de que es el reverso del machismo, de que el feminismo odia a los hombres. El miedo, en definitiva, a que las mujeres hagamos a los hombres lo que ellos llevan milenios haciéndonos a nosotras.

Da igual que cada año se asesine a una media de 70 mujeres, da igual que cada año se viole a 1.000 (3 al día), solo se cuestiona a las mujeres, desde todos los estamentos (sociedad, periodismo, judicatura): algo habrá hecho, por qué estaba con un maltratador, qué hacía sola por la calle, cómo iba vestida. Esto se está permitiendo cada día, en televisión, en prensa, en las redes sociales, en los bares, en la calle.

¿Alguien puede imaginar que en el altar improvisado en Las Ramblas de Barcelona fueran algunos a gritar que algo habrían hecho las víctimas para que las atropellaran? Eso nos sucede continuamente a quienes nos manifestamos contra la violencia machista. Comunidades musulmanas de todo el Estado han salido espontáneamente a manifestarse a la calle en contra de los atentados. ¿Alguien ha visto a los hombres salir así, en tromba, a rechazar la violencia machista?

Grandes grupos de comunicación como A3 Media y Mediaset hacen preciosas campañas contra la violencia machista mientras en sus programas dan voz a los maltratadores y a junta letras misóginos como Alfonso Rojo, o hacen programas frívolos de debate donde invitan a señoros que se reconocen como antifeministas, a hacer un espectáculo entre “dos bandos” como si de una charla futbolera Madrid-Barça se tratara.

No hay bandos cuando sólo nosotras somos las asesinadas, violadas y maltratadas. No avanzaremos mientras no nos tomemos en serio que el origen de todo esto es el machismo, y lo enfrentemos con todos los mecanismos de nuestra sociedad.

En este país se está permitiendo y alentando el odio a las mujeres. No solo no avanzamos, sino que vamos para atrás, a ritmo de Forocoches. Al parecer, no es un delito de odio odiar a las mujeres, porque es lo normal.

Autor: BesterikGabe

Información y opinión. La actualidad a través de artículos. Hace tiempo que murió la objetividad.

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