El cuento de la caperucita venezolana

Por Begoña Arnaldes

cap¡Qué suerte tenemos con la sanidad española, a pesar del maltrato de las listas de espera! Cuando vemos que la familia se nos va por culpa de un sistema que le obliga a tener un seguro privado,  la gente es capaz de inventarse hasta el cuento de caperucita, que es lo que le ha pasado a Lilian Tintori, consorte de Leopoldo López, a la que no le han faltado arrestos para salvar a la abuelita con el dinero de…. Bueno, eso es lo de menos.

La buena mujer, esposa, madre, activista y nieta como ella misma se ha definido, no se ha cortado en coger cuatro cajas e introducir todos  los billetes que ha podido, a falta de otros productos básicos de los que adolece la población; creo que por situaciones como esta lloraba Albert Rivera en su viaje a Venezuela en plena campaña electoral.

Ignoro el destino final de ese dinero, no vayamos a pensar que la oposición alberga aviesas intenciones como alentar altercados a destiempo mientras la población carece de productos de primera necesidad. Recuerdo el millón de euros que  apareció en lo alto del armario del suegro de Paco Granados y pienso: “¡cómo le va a la gente en esta España recuperada, que te encuentran un kilo en cualquier lugar y encima se te ha olvidado dónde lo habías puesto!” Yo sigo buscando en mi casa cuando hago limpieza, pero nada…

Lo mejor es comprar medicinas al por mayor para que no se produzca un desabastecimiento generalizado que ponga en riesgo la salud de la abuela; visto así, le otorgo el beneficio de la duda a esta caperucita de cuento y aceptamos Rafael Hernando como ser humano.

A 200 millones de bolívares asciende la discreta cantidad de esta señora, dicen los entendidos y las entendidas en el cambio monetario, unos 17 millones de  euros. ¡Ahí es nada! ¿Me han mentido en el telediario también en esto cuando me han dicho que Venezuela está muy mal? ¡Será verdad, cuando en las clínicas no aceptan transferencias ni ingresos bancarios, ni pago en cheque! ¡17 millones al contado, no vaya a ser que se devalúe en el camino de la clínica a casa! No es de extrañar que la ronden políticos de aquí, por si cae algo.

¿De dónde saca para vivir y viajar la señora Tintori? ¿Alguien le conoce un medio de vida? Pienso y adivino que el dinero no procede de Podemos, financiado por el ecuatoriano Correa según fuentes de toda solvencia; me entra la risa con el término. Entonces, ¿de dónde saca 17 millones esta señora? El PP la quiere sacar de Venezuela para que la oposición a Maduro siga teniendo una cabeza visible que no esté entre rejas.  Me pongo a pensar pero sin obsesionarme. ¡Igual el destino de las cajas para la abuelita eran otro concurrido paraíso fiscal! Así que, antes de rayarme con el asunto, enciendo la tele, ansiosa por ver las explicaciones abriendo telediarios antes de ver las revueltas venezolanas de los informativos de verano. Y mientras zapeo, le oigo a mi vecina tararear:  “¿En quéééé se mete, la chica de 17? ¿De dóóóónde saca, pa tanto como destacaaaa? Y ella diceeeee al verles en ese plaaaan: la que quiera coger peeeeeces que se moje al desfilaaaaar”. Y entonces pienso : “¡pues sí!”.

Artículo original en el blog de Begoña Arnaldes

Muerte anunciada del Zadorra, testigos cómplices de su agonía

Itxaso Roldan, Procuradora del Grupo Juntero Podemos en Araba y miembro de la Comisión de Medio Ambiente y Urbanismo en las JJGG de Araba, y miembro de Plataforma NO Embalse Barron y de Zadorra Bizirik.

 

El Zadorra es el río más caudaloso e importante de Araba. Hasta aquí  los datos que podemos encontrar en una búsqueda rápida en Google. Un río es un ecosistema fluvial que incluye las riberas con su fauna y su flora, pero ¿sabemos  cómo se mide la salud de éste o de cualquier otro río?

Hace un año supimos que el Zadorra  lleva al menos tres años arrastrando un pesticida tóxico y cancerígeno, persistente y bioacumulable, prohibido por sus riesgos en la UE, el lindano, nombre comercial del hexaclorociclohexano, creado como insecticida en la agricultura, contra los parásitos en la ganadería y para el tratamiento de piojos y sarna en los seres humanos. Un pesticida tan eficaz en las funciones prescritas como en la generación de residuos altamente contaminantes, dañino para el medio ambiente y una seria amenaza  para la salud de las personas en altas concentraciones. Hasta 2015 no se descubrió el foco del problema. Según todos los indicios, se encuentra en el vertedero municipal de Gardelegi ¿Dónde exactamente? Todavía es un misterio.

La CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro) le ha dedicado un capítulo específico dentro de su último informe sobre la situación de los ríos, instando a tomar medidas correctoras para evitar que esos residuos procedentes del vertedero de Gardelegi acaben en el río tras pasar por la depuradora -en este caso claramente ineficaz- de Crispijana. El 70% de los ríos de la zona se encuentra en “peor que buen estado” debido entre otras causas a la alteración de los regímenes de caudal, al uso de las aguas como colectores de residuos urbanos e industriales o a cambios en el uso del suelo. La Depuradora no es capaz de detectar ni depurar dicha sustancia con caudales superiores a los mil litros por segundo, por lo que finalmente acababa en el Zadorra contaminando su fauna y provocando una grave afección al ecosistema en un río que está declarado como Zona  Especial de Conservación de la Red Natura 2000.

Los contaminantes aparecen en el agua (nonilfenol), en los sedimentos (se han encontrado elevadas concentraciones de antraceno, fluoranteno, cobre, cromo y zinc en el punto de control de Agurain, y cadmio en  Trespuentes), así como en los peces con altísimas concentraciones de mercurio en percas, barbos y madrillas en las citadas localidades.

Estamos hablando de una Zona  Especial de Conservación (ZEC), un lugar de importancia comunitaria designado por el Consejo de Gobierno Vasco, en el que se deberían  aplicar las medidas de protección necesarias para el mantenimiento o el restablecimiento de los hábitats naturales y/o de las poblaciones de  especies para las cuales se haya designado el lugar.

El Río Zadorra es un río emblemático de Araba. Desde diferentes organizaciones políticas, plataformas y colectivos llevamos denunciando mucho tiempo esta terrible situación. Situación que viene de lejos y que se alarga en el tiempo, agravándose con diversos vertidos industriales, en muchas ocasiones incontrolados.

Últimamente todos los ojos están puestos en la depuradora de Agurain.  La  Diputación Foral  de Araba, URA y  el Ayuntamiento de Agurain, por boca de su alcalde, reconocen que está obsoleta y que no funciona bien . La fecha prevista  para la puesta en marcha de la nueva depuradora es 2020. ¿Pero mientras tanto, qué?

La situación actual es totalmente kafkiana. Se producen vertidos a su paso por Agurain o alrededores , la gestión y mantenimiento de la Edar de Agurain (Estación  Depuradora de Aguas Residuales) corresponde  al Ayuntamiento de Agurain (EAJ-PNV) ,el cual ha hecho la encomienda de la misma a una empresa privada. Cada vez que hay un vertido o un mal funcionamiento de la depuradora que provoca vertidos comienza de nuevo  el día de la marmota. El área de Medio Ambiente de la  DFA le pasa la pelota al Ayuntamiento de Agurain , el Ayuntamiento  a la Empresa de mantenimiento y a URA.  Ésta abre expediente  y sanciona, pero la sanción no debe de ser muy ejemplarizante  ya que los vertidos son recurrentes y constantes. Algunos vertidos tienen un color blanco característico y por lo tanto identificable a simple vista aunque nos preocupan más los que no son tan visibles. Viendo las medidas que se están tomando para evitar que se repitan estos vertidos, que tanta alarma está generando, nuestro Grupo Juntero cree que la impunidad continuará campando a sus anchas. Es más barato pagar la multa que poner los medios y mientras esto sea así, mal vamos porque tenemos muy claro que  faltan voluntad e implicación política. Vemos como todas las instituciones se preocupan y se echan las manos a la cabeza ante esta situación, cara a la galería, pero luego,  nada de nada, seguimos igual o peor.

Para  detectar los fallos de la depuradora y poder solucionarlos rápidamente se ha instalado un sistema de notificación  de alarma , con disponibilidad de un retén de  trabajadores de 24 horas a 8,66 euros/hora.

La mayoría de las depuradoras no tiene instalado este sistema de alarma, así que, como siempre, la responsabilidad   termina recayendo en los mismos, en los trabajadores, en los últimos de la cadena, que ven precarizadas sus condiciones laborales a la vez que se les hace responsables de las consecuencias del  mal funcionamiento.  Tenemos la convicción de que las conciencias quedan más tranquilas escudándose en el ámbito de las competencias o  desviando  la atención hacia otro lado para tapar la ineficacia de las depuradoras y la falta de medios.

Nuestro Grupo Juntero ha denunciado esta situación desde el comienzo de la legislatura. Nos preocupa el estado de nuestros ríos y las posibles afecciones. Hemos solicitado  la comparecencia del Diputado de Medio Ambiente, D. José Antonio Galera, con carácter de urgencia ante la Comisión   correspondiente para que explicara las medidas que iba a tomar la DFA ante los vertidos. Hemos solicitado información sobre protocolos de actuación ante emergencias (inexistente en ese momento), así como la comparecencia de la plataforma  Zadorra Bizirik ,para que informara de la situación de los vertidos en nuestros ríos y más específicamente  del Zadorra. Hemos aprobado Mociones por unanimidad relativas al protocolo de mantenimiento de cauces, márgenes, ríos y arroyos ,aunque luego  no sean de obligado cumplimiento, como  bien nos recuerdan a menudo. En resumen, muchas iniciativas y reuniones con el objetivo de denunciar, buscar responsables y soluciones .

En PODEMOS  creemos que no se trata solamente de detectar los fallos de las depuradoras y que se reparen  cuanto antes porque el problema no radica ahí. Todo esto debe  ir además  acompañado de una labor de prevención ,de educación y por supuesto de una normativa eficaz que sea disuasoria y que no favorezca los vertidos ni los incumplimientos.  El discurso de apoyo al medio ambiente en campaña electoral  vende bien , pero lo que realmente tiene sentido  y refleja realmente el compromiso es llevarlo a la práctica y dejar de hablar de competencias y tirar balones fuera. No hacer lo que se promete es una irresponsabilidad política y es este tema nos estamos jugando el presente y futuro de las próximas generaciones.

Contra el espíritu de la venganza

Freddy Ñáñez, ex-ministro de Cultura de Venezuela y Presidente de Fundarte

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Una revolución es una empresa y una esperanza común que se construye y emprende en colectivo; es decir, desde el reconocimiento y la valoración positiva de la diferencia, el conflicto y la lucha. Siendo así, su mayor divisa es lograr inquietar todo lo que hasta el momento parecía insensible y transformar lo hasta ahora inmutable de la realidad y del pensamiento. Y esto incluye a la misma idea acuñada de revolución y de un ser revolucionario pre-existentes. Por esto, lo primero que vemos afectarse son las condiciones vigentes que hacen soportable la devaluación de la vida y la formalización de la miseria en todas sus dimensiones. El combate comienza entonces en el terreno del sentido, y su propósito no es otro que dilatarse hasta elevar el entendimiento al estadio de la permanente trasmutación de valores. De manera que el desafío de una revolución reside en la creación de algo nuevo y no tanto en su capacidad de destrucción.
2
El primero de los valores que debe enfrentar tanto en el campo filosófico como en el psicológico y político es precisamente aquel que ha mantenido inmerso a los pueblos en la frustración histórica: el consabido espíritu de la venganza y sus consecuentes ideales negativos de la existencia, un tema ampliamente desarrollado y combatido por Nietzsche. El ojo por ojo, inscrito en el alma de occidente, no es el único de los principios que debe superar el pensamiento revolucionario; existen otras fórmulas que han legitimado el resentimiento, la revancha, la nostalgia o añoranza como la idea del paraíso perdido y la promesa del más allá como compensación; que en definitiva mantienen a la voluntad prisionera en la impotencia entre un pasado irremediable y un futuro irrealizable. La venganza se sostiene principalmente en esa concepción del tiempo fallido y suele pervertir el deseo de justicia que motoriza los cambios políticos y económicos indispensables en la transformación cultural. Deseo de justicia que en definitiva tiene como propósito hacernos más justos, y no jueces, como es la usanza.
3
Las revoluciones que ha conocido la historia se han debatido éticamente en esta interpretación del tiempo, de las causas y del sujeto que en el fondo constituyen su razón de ser. Vengar lo que fue y esperar del futuro recompensa son precisamente los valores que atentan contra la vitalidad, la creación: todo lo que es capaz de encarnar esa fuerza colectiva. Este ánimo de revancha mantiene activa a la clase media nacional y es el verdadero combustible del fascismo. Como capital fundamental del pensamiento reaccionario, el principio de venganza es manejado por la propaganda desde el texto religioso con mucha alevosía para provocar no solo un apoyo irracional hacia las élites financieras que disputan hoy el aparato político, sino para neutralizar además cualquier germen libertario dentro de sus seguidores (a fin de cuentas, la clase media existe cuando unos pobres se creen mejor que otros). En cuanto a nosotros, conviene seguir en la afirmación del proceso como voluntad de transformación y emergencia de sentido, y esto supone aceptar también todas las condiciones que lo han hecho posible. La ley contra el odio, propuesta por el Presidente de la ANC, ya comienza a ser un debate nacional y, en pleno reflujo del racismo en el mundo, es urgente se materialice con ella una victoria ética contra el espíritu de la venganza.

Hacia 2019: una asamblea para una nueva fase

Nagua Alba, Secretaria General de Podemos Euskadi.

  • Querrán adivinar en mi decisión una enrevesada trama de poderes y presiones que provocan decisiones que de otra forma no consiguen explicarse. Quienes son adictos a los juegos de poder y quienes ambicionan ocupar sillones no lo entenderán.

A principios de 2016 elaboramos  y votamos en primarias unos documentos en los que nos marcábamos un objetivo fundamental: impulsar y asentar de manera definitiva la posición y el papel de Podemos Euskadi. Teníamos la maquinaria y a  mucha gente detrás, acabábamos de ganar unas elecciones generales, pero necesitábamos construir los raíles para que la máquina siguiera avanzando. Necesitábamos ir asentando el suelo bajo los pies en una época muy agitada electoralmente. Ser competitivos en las urnas, pero sabiendo que el objetivo era más amplio, profundo y a más largo plazo.

Un objetivo que no era precisamente menor, más si cabe para una formación con apenas dos años de vida y que en pocos meses tenía que realizar tareas para las que otros habían tenido décadas: asentar la organización a nivel municipal, implantarnos en municipios donde teníamos voto pero no estábamos presentes orgánicamente (sobre todo municipios pequeños), abrir sedes y locales, enlazar y cooperar a fondo con la sociedad civil organizada, solidificar los vínculos con nuestros barrios, financiar mejor a los círculos y consejos municipales, establecer protocolos de comunicación interna y de trabajo entre áreas y un larguísimo etcétera. La mayor parte de esos objetivos se ha cumplido o está en vías de cumplirse. Hoy somos mucho más fuertes que hace dos años y estamos mucho más instalados en una política vasca que ya no puede entenderse sin nosotras y nosotros.

Sin embargo, la tarea iba mucho más allá: era a medio y largo plazo, pasaba por las elecciones vascas, sí, pero llegaba hasta el objetivo de las municipales y forales de 2019. Todavía queda mucho por hacer, sobre todo a medida que se acerquen el verano y el otoño de 2018. Para ello necesitaremos actualizar nuestra hoja de ruta política y elaborar de manera colectiva el documento que nos guíe. Pero también nos hará falta una dirección que haga suya esa hoja de ruta y la ponga en práctica; esa dirección debe ser elegida ahora, porque de no serlo su elección habría coincidido de lleno con el proceso previo a municipales y forales. Permitir eso sería contraproducente y quizá no llegaríamos preparadas y preparados. Por el contrario, convocar ahora la Asamblea Ciudadana permite que Podemos Euskadi salga fortalecido y la nueva dirección tenga el tiempo suficiente para abordar la decisiva fase municipal y foral.

Hace casi dos años la dirección actual y yo misma asumimos la tarea de construir un Podemos Euskadi abierto y útil a la gente y estoy orgullosa de poder decir que hemos cumplido gracias al trabajo de muchísima gente. Por ese motivo, y porque nunca quise hacer de la política mi oficio, seguiré trabajando esta legislatura como diputada por Gipuzkoa, mano a mano con la dirección que salga elegida, pero no como Secretaria General. Estoy segura de que mis compañeras y compañeros seguirán trabajando en esta línea y contarán con mi apoyo y con todo lo que pueda aportar.

Quienes están más acostumbrados o son adictos a los juegos de poder y al reparto de cromos y quienes ambicionan ocupar sillones durante décadas no lo entenderán; intentarán imponer categorizaciones absurdas que jamás respondieron a la realidad política de Euskadi; buscarán el ruido para acallar el debate y querrán adivinar una enrevesada trama de poderes y presiones que provocan decisiones que de otra forma no consiguen explicarse. Con ello, sin embargo, obviarán la explicación más sencilla. Para quienes queremos otra política lo importante es dar soluciones y estar a la altura de lo que la ciudadanía demanda, y para eso solo hacen falta tres cosas: humildad, debate y proyecto. Y eso es lo que Podemos Euskadi les va a demostrar en los próximos meses, primero en la ponencia de autogobierno y después con su asamblea ciudadana.

La ciudadanía vasca merece una alternativa a las políticas de bienestar raquíticas, a los cierres de empresas, a un modelo de desarrollo que deja atrás a comarcas y municipios enteros, que no garantiza bienestar y oportunidades ni a los jóvenes ni a los mayores. Hoy estamos más y mejor pertrechados que hace dos años. En los próximos dos años vamos a estarlo mucho más en todos los municipios y comarcas de Euskadi.

Artículo original de eldiarionorte.es

Vía libre para odiar a las mujeres

Zuriñe Ojeda se describe como feminista, roja y contestona, Gafa Morada porque es la única manera justa de mirar a la vida. “Si los que hablan mal de mí supieran lo que pienso de ellos, hablarían aún peor”.

 

photo_2016-12-17_22-01-38 (1)Es innegable que hemos avanzado mucho como sociedad. Sí, podemos dedicar unos momentos a felicitarnos, a darnos palmaditas en la espalda, no hay nada de malo en ello. Hace 40 años éramos un país socialmente oscuro, cateto, lleno de prejuicios, y con la religión católica vigilando cada uno de nuestros pasos. En televisión se contaban chistes de gangosos, de negros, de tartamudos, de maricones. La mujer de uno era su santa, porque era suya, y porque era la única no sospechosa de ser puta. Una de las diversiones si eras chaval en un pueblo era apedrear perros, porque ya de adulto los matabas si te daba la gana.

Con este panorama dejamos atrás (al menos formalmente) una dictadura y nos adentramos en las novedosas aguas de la democracia, y poco después, en la aventura de ser europeos.

Eso ha hecho que se pudieran escuchar las voces de lo que inicialmente eran minorías, y que esas voces, amparadas en los derechos humanos, consiguieran cambios legislativos que han ido poco a poco (muy poco a poco) transformando el pensamiento colectivo.

Entre tanta felicitación no nos engañemos. Esto, como todos los cambios a la hora de conseguir derechos, se ha hecho con lucha, con sudor, muchas veces con sangre y siempre con sacrificio personal. Y es a todas esas personas a quienes tenemos que agradecerles nuestra conciencia de no ser racistas, de no discriminar a nadie por sus condiciones o capacidades físicas, por sus creencias, o por su orientación sexual.

En algún caso hasta hemos sido pioneros a nivel mundial, por ejemplo con la ley de matrimonio y adopción homosexual. Habrá sido un descubrimiento para mucha gente ver cómo más de una década después de esa ley, los heterosexuales seguimos teniendo los mismos derechos.

Queda mucho por hacer y todavía muchas cabezas están por abrir (se entiende que metafóricamente), pero en ninguna materia tanto como en el machismo.

Las leyes también han estado ahí para las mujeres, porque la lucha feminista ha estado ahí. En la Constitución se reconoce que somos iguales, formalmente tenemos los mismos derechos, se ha reconocido el derecho al aborto y a disponer del propio cuerpo, y la LIVG ha señalado por fin la lacra del maltrato y asesinato de mujeres por el hecho de serlo.

En ningún medio de comunicación (sin tener en cuenta los fundamentalistas y minoritarios como 13TV, La Gaceta, etc.) se permiten mensajes homófobos o racistas. Quien lo sigue intentando, como los mencionados o Hazte Oír, por ejemplo, recibe el rechazo más que justo de toda la sociedad.

De hecho, se ha clasificado una categoría de conductas especial como “delitos de odio”, que conllevan una penalización judicial añadida,  y que son los siguientes (fuente: web oficial del Ministerio de Interior, www.interior.gob.es):

“La terminología “delitos de odio” se ha acuñado para definir a una categoría de conductas que presentan como factor significativo y común la presencia de un elemento motivador, el odio y la discriminación.

Los delitos de odio son aquellos incidentes que están dirigidos contra una persona motivados por un prejuicio basado en:

  • La discapacidad.
  • La raza, origen étnico o país de procedencia.
  • La religión o las creencias.
  • La orientación e identidad sexual.
  • La situación de exclusión social.
  • Cualquier otra circunstancia o condición social o personal.

Cualquier persona puede ser víctima de un delito de odio, con independencia de que pertenezca al grupo al que va dirigida la hostilidad o prejuicio.

Estas acciones pueden efectuarse contra las personas o la propiedad.”

Pero así como todos los demás avances han ido calando en la sociedad sin generar más rechazo que el de los fundamentalistas de siempre, el avance feminista se ha topado con una contestación y un rechazo impensables en otros temas.

Es cierto, las mujeres no somos una minoría. Somos la mitad de la sociedad. Y al parecer, sigue estando permitido, incluso bien visto, odiarnos.

Porque el machismo es eso en esencia, el odio a las mujeres. Y es el odio más transversal de la humanidad. Se ha extendido a lo largo de 10.000 años, por todo el planeta, en todas las sociedades, en todos los sistemas políticos, religiones y corrientes filosóficas.

Y aquí estamos, en Europa, en el siglo XXI, escuchando a políticos mandar a compañeras a fregar, diciendo que el aborto es terrorismo, normalizando el acoso sexual, tildando a mujeres de amargadas y frustradas por ser feministas.

Esto tiene su reflejo en la sociedad. Se ha instalado el odio al feminismo, la mentira repetida de que es el reverso del machismo, de que el feminismo odia a los hombres. El miedo, en definitiva, a que las mujeres hagamos a los hombres lo que ellos llevan milenios haciéndonos a nosotras.

Da igual que cada año se asesine a una media de 70 mujeres, da igual que cada año se viole a 1.000 (3 al día), solo se cuestiona a las mujeres, desde todos los estamentos (sociedad, periodismo, judicatura): algo habrá hecho, por qué estaba con un maltratador, qué hacía sola por la calle, cómo iba vestida. Esto se está permitiendo cada día, en televisión, en prensa, en las redes sociales, en los bares, en la calle.

¿Alguien puede imaginar que en el altar improvisado en Las Ramblas de Barcelona fueran algunos a gritar que algo habrían hecho las víctimas para que las atropellaran? Eso nos sucede continuamente a quienes nos manifestamos contra la violencia machista. Comunidades musulmanas de todo el Estado han salido espontáneamente a manifestarse a la calle en contra de los atentados. ¿Alguien ha visto a los hombres salir así, en tromba, a rechazar la violencia machista?

Grandes grupos de comunicación como A3 Media y Mediaset hacen preciosas campañas contra la violencia machista mientras en sus programas dan voz a los maltratadores y a junta letras misóginos como Alfonso Rojo, o hacen programas frívolos de debate donde invitan a señoros que se reconocen como antifeministas, a hacer un espectáculo entre “dos bandos” como si de una charla futbolera Madrid-Barça se tratara.

No hay bandos cuando sólo nosotras somos las asesinadas, violadas y maltratadas. No avanzaremos mientras no nos tomemos en serio que el origen de todo esto es el machismo, y lo enfrentemos con todos los mecanismos de nuestra sociedad.

En este país se está permitiendo y alentando el odio a las mujeres. No solo no avanzamos, sino que vamos para atrás, a ritmo de Forocoches. Al parecer, no es un delito de odio odiar a las mujeres, porque es lo normal.

El turismo: la ciudad y los derechos de ciudadanía

Andeka Larrea, responsable de cultura de Podemos Euskadi

  • El turismo es causa de fenómenos que afectan a la vida cotidiana de vecinas y vecinos de, fundamentalmente, los cascos históricos de las capitales vascas

 

Algunos debates llegan a la esfera de la opinión pública tarde, simplificados y empaquetados en papel de regalo con eslóganes de rápida distribución, asumiendo de antemano que la ciudadanía es, en general,  del gusto por el estilo tertuliano, en el que se manejan con gusto los partidos políticos tradicionales. En el caso que nos ocupa, el tímidamente inaugurado debate sobre el turismo en Euskadi, a propósito de un fenómeno que viene a servir, como es habitual, de guerra de posiciones veraniega servida en un menú que combina con la rapidez de la comida rápida platos precocinados de antemano: turismofobia y turismofilia.

En las ciudades vascas, de forma evidente en los cascos históricos de Donostia, Bilbao y, en menor medida, Gasteiz, así como en algunas localidades costeras, se están comenzando a vivir las consecuencias previstas e imprevistas de la apuesta decidida de las instituciones vascas por vender Euskadi como un territorio de oportunidad en el mercado global de los operadores turísticos. Un mercado en el que las ciudades, los espacios singulares, la llamada oferta cultural se ofrecen como un producto, si bien complejo, que busca atraer inversiones, que se traducen en el aumento de los flujos turísticos hacia el territorio ofertado. Un mecanismo, el del turismo globalizado, de sobra conocido desde hace décadas y que está en relación, en el caso del turismo de ciudades, con las reconfiguraciones geográficas del capitalismo actual y los procesos de deslocalización industrial que en Euskadi parecen repuntar de nuevo ante la inacción institucional.

Las consecuencias que se derivan del aumento en el número de visitantes, algunos de los cuales son turistas en su propia casa, son ahora un motivo lógico de preocupación. La condición-turista, si se nos permite, es causa y efecto de cambios en el paisaje de ciudades y pueblos. Para empezar, el turista es un efecto y, en gran medida, una víctima, de las estrategias comerciales de la industria turística internacional, que favorece el consumo rápido de los lugares visitados en detrimento de otras fórmulas menos rentables. El incremento de la tasa de beneficio es el dogma, no lo olvidemos, de todo negocio capitalista. Dogma que, en el caso que nos ocupa, implica un modo de consumir el territorio cuyas consecuencias sociales, culturales  y medioambientales han sido objeto de análisis académicos y protestas sociales desde hace décadas. Consecuencias que olvidan a sabiendas  los defensores y apologetas del turismo en Euskadi, con especial mención al Gobierno Vasco, como un nuevo maná económico del que brotará progreso y felicidad para todas, olvidando de paso que la terciarización de la economía que ello implica es una buena muestra de su sumisión a los poderes que realmente diseñan el futuro de los países en Europa.

Decíamos que el turismo es causa de fenómenos, también conocidos, que afectan a la vida cotidiana de vecinas y vecinos de, fundamentalmente, los cascos históricos de las capitales vascas. Entre estos, podemos citar los más destacados: desaparición del tejido comercial tradicional y el consecuente aumento del precio de la cesta de la compra, saturación de calles y plazas por la afluencia de miles de personas en lugares en los que la vida vecinal parece invisibilizarse, precarización de las y los trabajadores del sector, destrucción del patrimonio material e inmaterial de los centros históricos y aumento de los precios de alquiler como consecuencia de la irrupción de los pisos turísticos. Quien quiere ofrecer consuelo alude a términos comparativos con otras ciudades tradicionalmente turísticas para afirmar que “Euskadi es diferente”, dejando pasar que la escala de la comparación debería ser relativa a otras variables como dimensión de ciudad, vecinos residentes, apertura y cierre de comercios, tipología de los mismos y otras que nos permitieran, más allá de eslóganes veraniegos, conocer en profundidad estas afecciones.

La dimensión urbana y, por tanto, ciudadana del turismo es innegable, ya que aparece como un acontecimiento inseparable del modelo de ciudad y de la planificación urbanística en Euskadi, en el marco de la cual se sitúa la puesta en venta del territorio de la que hablábamos al comienzo. Algo que parecen ignorar los eslóganes simplificadores (o sus caricaturas mediáticas) de la llamada turismofobia. En la medida en que la condición turista afecta y nos afecta a todas, susceptibles de devenir turistas en nuestro territorio, la crítica del turismo exige algo más de profundidad que el rechazo sin más al turista, si no es sólo como figura abstracta que sintetiza las consecuencias negativas de las que venimos hablando hasta aquí.

Sin duda, es pertinente, necesario y agradable que se abra un debate en Euskadi en torno a las consecuencias, positivas y negativas, del turismo. Pero este debate no debería separarse de dos cuestiones que le son inherentes, pese a que no han encontrado mucho eco en las declaraciones de responsables políticos que estas últimas semanas hemos escuchado. En primer lugar, el derecho a la ciudad que corresponde a vecinas, transeúntes esporádicos, migrantes y, también, visitantes y turistas. El derecho a la ciudad implica cuatro derechos relacionados: derecho al hábitat, derecho a vivir dignamente, derecho a la convivencia y derecho al gobierno. Cuatro condiciones para un ejercicio de la decisión en ciudades diseñadas y practicadas por todas y para todas, sin exclusiones. En segundo lugar, los derechos sociales que implica el ejercicio activo del derecho a la ciudad.  Derechos sociales, por otra parte, en los que la decisión y la participación ciudadana, más allá de ejercicios cosméticos que llevan tal nombre, son condiciones imprescindibles para que la ciudad pueda ser imaginada y diseñada por sus ciudadanos, incluyendo en el diseño los modos y maneras en que el turismo pueda ser un elemento socialmente rentable, pues es la rentabilidad social la gran olvidada de las diseños urbanísticos desde arriba.

Hablaba recientemente el antropólogo Manuel Delgado de la necesidad de “salvar a nuestros turistas”, reivindicando un tiempo en que las personas viajeras que recalaban en Barcelona contribuyeron a un encuentro social y cultural con las clases populares de la ciudad. Un encuentro que a día de hoy, sometido el turista a la aceleración permanente de su visita devoradora de imágenes, lugares, calles y personas, parece tan difícil como necesario, si lo que queremos es recuperar el control de nuestros propios cuerpos y decisiones. En Euskadi aún estamos a tiempo de debatir sobre estos dos modelos de turismo para nuestras ciudades y pueblos, ahora que empezamos a conocer de las consecuencias del que impulsan Gobierno Vasco, lobbies empresariales y capitales globales. Poner la vida en el centro de la política urbanística es tanto como abrirnos a otros ritmos de vida y de trabajo, a otras relaciones con quienes desean conocernos y nos visitan, al cultivo y mantenimiento de las culturas locales y de sus expresiones y a una economía en la que lo social no sea un valor de cambio o una transacción monetarizada más.

 

Artículo original de eldiario.es aquí.

Autogobierno: un pacto social para vivir mejor que ahora, convivir mejor que antes y hacerlo más libremente que nunca

Sergio Campo, Responsable del Área de Discurso de Podemos Euskadi.

 

Elkarrekin Podemos tiene la voluntad y la fuerza para reinventar, o al menos redefinir, qué significa el autogobierno –y la propia noción de “país”– como fundamento de nuestra convivencia y de una vida mejor para la mayoría. Este camino, es justo decirlo, no lo iniciamos nosotras ni lo transitamos en solitario. Nos preceden no pocos autores vascos que han desafiado y desafían los marcos políticos y sociales que han definido la forma de pensar y de construir nuestro país. En general, este repensar Euskadi, parcialmente invisibilizado, se ha hecho desde una doble vertiente que afirma tanto una visión más social como otra más inclusiva de la pluralidad de identidades que conforman la sociedad vasca. Con sus aciertos y desaciertos, ahí encontramos a Ramiro Pinilla, Celaya, Ángela Figuera y Gabriel Aresti, o más recientemente a Ramón Saizarbitoria y Bernardo Atxaga. Quizás este último ha sido el que más ha calado en el imaginario colectivo con la metáfora de Euskal Hiria.

No llegamos los primeros, ni falta que hace. Tampoco con la mochila vacía. De hecho, es importante asumir que llegamos a un terreno de juego que ha sido definido durante largo tiempo por otras ideologías y fuerzas políticas. No obstante, ese terreno de juego no es homogéneo, constante ni inmutable. Así son las sociedades abiertas y democráticas: cambian constantemente y cada cierto tiempo deben repensar las reglas de juego de lo social, lo político, lo cultural y lo simbólico. Como decía Bernardo Atxaga:

Hay miradas que son creadoras, inventoras, y además son generales: así las de la poesía; así también las de la ideología política; poesía e ideología política que, mezcladas, llegan a crear la imagen de un país entero o la de un enorme colectivo de personas.

[…] entre las personas o los sectores que portan las miradas, las concepciones, [se da] una lucha por la hegemonía, sobre quién mira más y mejor, sobre qué poesía es más auténtica y más se extiende por toda la sociedad.

En Euskadi tenemos abierta una ponencia parlamentaria que aborda la actualización y renovación del autogobierno, ponencia que, a iniciativa nuestra, también incluye lo relativo al derecho a decidir. Se trata de un debate que tiene la vocación manifiesta de materializarse en un nuevo estatuto y que se da en un contexto en el que los pactos entre partidos tradicionales (PNV, PP y PSE) son fuertes. Estos acuerdos los hemos definido en otras ocasiones como un intento de dichas élites de hacer un cierre por arriba para prevenir los procesos de cambio social y político. Se avecinan legislaturas largas en Vitoria-Gasteiz y en Madrid. De hecho, se trata de acuerdos diseñados por esos partidos para reforzarse mutuamente en su posición de gobernantes naturales, por antonomasia, dibujando para ello un país a su medida y a la medida de sus intereses.

La posibilidad, algo más que probable, de que haya un nuevo estatuto juega en estas claves. Este estatuto es concebido por el PNV como un valioso instrumento para asentar su visión del país, de la sociedad, de las instituciones y del propio autogobierno. Por eso su planteamiento discurre en una lógica de parte, la suya exclusivamente, que se reduce a lograr algún reconocimiento de la realidad nacional en el preámbulo y la mayor acumulación posible de cuota de poder propio consiguiendo para ello alguna competencia más y blindando sistemas bilaterales cerrados.

Es fundamental que en Elkarrekin Podemos afrontemos este debate sabiendo que no está en juego un estatuto, sino todo un modelo de país. Y frente al ya asentado, tenemos que proponer otro alternativo. Esta pugna va a ser igual de decisiva que otras luchas en contextos más clásicos para las fuerzas progresistas como pueden ser los conflictos sociales, económicos o medioambientales.

La del autogobierno no es una lucha ajena a los problemas sociales y económicos de la mayoría, por más que se dé en un terreno de juego definido por el adversario en clave identitaria y de hechos diferenciales respecto a otros pueblos y naciones. A pesar de décadas en las que las fuerzas tradicionales lo han tratado como un mero reparto de competencias, el autogobierno no es un campo estéril para el cambio político, para la lucha contra la desigualdad y para vivir mejor. De hecho, puede ser una de sus palancas si tenemos acierto tanto al proponer y convencer como al acordar, porque también habrá que acordar o, al menos, intentarlo sinceramente.

En una sociedad esencialmente plural como la vasca, las fuerzas políticas estamos llamadas a entendernos en estas cuestiones para alcanzar consensos sociales amplios, plurales y transversales. Sin embargo el pasado nos ha enseñado que este entendimiento solo puede darse en un plano de igual legitimidad entre proyectos. Sin subalternidades de ninguna clase. Y, sobre todo, en nuestro caso, estamos llamadas a entendernos si es en clave de poner los pilares de futuro de nuestra sociedad, no de autenticidades. Siguiendo con la referencia a Atxaga:

[…] de todas las miradas -la creadora, la inventora, la que tiene su origen en una ideología, la poética-, ésta última, la poética, es la “otra mirada”. Hago esta elección con la vista puesta en la creencia de que, aquí, en este país, tenemos mucha necesidad de ella, necesitando, además, que sea verdaderamente otra: diferente, al menos, de las que han estado en la base de las ideologías dominantes.

La apuesta de Elkarrekin Podemos dibuja el futuro en tres dimensiones: vivir mejor que ahora, convivir mejor que antes y hacerlo más libremente que nunca. Dicho de otro modo: tenemos que ofrecer a una amplísima mayoría social la seguridad de más oportunidades y mejor repartidas de un modo más igualitario y sostenible; el compromiso con una convivencia entre diferentes verdaderamente democrática; y la posibilidad de procesos en los que la ciudadanía pueda no sólo decidir más, sino también mejor a través de procesos deliberativos y directos.

Necesitamos cambiar por completo la forma en la que se ha venido entendiendo el autogobierno. Debemos ser esa otra mirada que decía Atxaga. El autogobierno no es un tema de “los nacionalistas”, ni es una cuestión de sumarse a los acuerdos de otros o de tener tal o cual competencia más por el mero hecho de tenerla. Al contrario, autogobierno es establecer los cauces para decidir “para qué” queremos cada competencia y “para qué” llegamos a cada acuerdo. En nuestro caso, con un marcado carácter de sostenibilidad social y medioambiental. El de esta legislatura debe ser un marco para que se entienda que este es el momento y la oportunidad para dar cabida a otros contenidos, a otras formas y a otros objetivos que interesen a una mayoría y no sólo a una parte como ha ocurrido hasta ahora.

El impacto de este enfoque en los contenidos de un nuevo estatuto son evidentes: blindaje de derechos sociales, garantizar los servicios públicos, compartir los derechos humanos como base de la convivencia, comprometerse con un sociedad donde mujeres y hombres sean iguales, promover un modelo de desarrollo que no comprometa los recursos de las siguientes generaciones, definir otra arquitectura institucional más cercana, transparente y municipalista, así como garantizar mecanismos para la participación ciudadana en la toma de decisiones políticas. Hay que plantear la necesidad de un estatuto que no sea un texto de carácter administrativo que reparte una serie de competencias. Los tres ejes citados señalan la necesidad de un acuerdo político de fondo, de un nuevo pacto social. Un pacto entre vascos y vascas que han aprendido de los aciertos y errores del pasado –sin hacer tabla rasa con todo lo anterior– y acuerdan unas bases compartidas para enfrentar los retos del futuro.

El término “pacto social” indica que el nuevo estatuto no puede reducirse a un mero acuerdo entre partidos en el ámbito parlamentario. Debe ir mucho más allá. La ciudadanía no puede contentarse ni con refrendarlo –o no– ni con hacer aportaciones a un texto cerrado de antemano. La aportación de los agentes sociales, sindicales, de la sociedad civil debe darse incluso desde antes de contar con un texto articulado. Una aportación que no se resuelve en una comparecencia en la ponencia del Parlamento. Debe darse la oportunidad de que estos agentes sociales presenten sus propias propuestas por escrito, abrirse a dinámicas locales dirigidas a la ciudadanía, de mesas sectoriales, etc. Un pacto social en el siglo XXI no nace y termina en un trámite parlamentario. Se nutre fundamentalmente del aporte de la sociedad.

El pacto social que Euskadi necesita tampoco se reduce a contar con un nuevo estatuto. Una parte significativa de la ciudadanía está reclamando la posibilidad de participar en la toma de decisiones políticas que trascienden al ámbito clásico de la acción política, ya sea esta municipal, foral o autonómica, ya sea una incineradora, una infraestructura como el TAV o sobre la cuestión de las ayudas sociales. Esa dimensión social del derecho a decidir, sobre todo cuando se trata de decisiones que podrían afectar a una generación, puede y debe encontrar instrumentos para su vehiculización en estatuto.

Sin embargo, en lo que respecta a la dimensión territorial de ese mismo derecho a decidir, es decir, la posibilidad de que la ciudadanía decida apostar o no por un nuevo estatus territorial, todo indica, una vez escuchadas las aportaciones de expertos constitucionalistas, que no va a encontrar acomodo legal en un nuevo estatuto. Es por ello que nuestra propuesta de pacto social debe desdoblarse en dos instrumentos paralelos para dar respuestas integrales a los retos que tenemos como sociedad. Por un lado, un nuevo estatuto que innove las posibilidades competenciales del actual marco legal, y, por otro, un acuerdo del Parlamento Vasco con contenidos concretos que –más allá de elementos declarativos– inste al gobierno central y al Congreso de los Diputados a articular una Ley de Claridad que ampare consultas legales pactadas sobre el estatus territorial con preguntas claras y mayorías cualificadas para ser vinculantes. Esta Ley de Claridad, escuchadas las voces de expertos, no precisaría de una reforma constitucional, pero también podría formar parte de ella.

En una época de soberanías compartidas y de vaciamiento del estado-nación, Elkarrekin Podemos propone un proyecto con especial sentido histórico al impulsar activamente la democratización del estado en tres direcciones: la social, la institucional y la plurinacional. En este último aspecto las vías pactadas son claves. Ya no existen solamente dos actores: el sujeto político constituyente y el poder constituido. Existen más niveles, con diferentes legitimidades y más interacciones entre ellos. Asumir la unilateralidad implica cierto grado de ingenuidad, por más que la bilateralidad no sea precisamente sencilla. Asumir la vía unilateral no tiene necesariamente consecuencias progresistas, como ya hemos visto en Catalunya, por no mencionar que lleva implícita que ni la política vasca ni la estatal pueden cambiar, que la democratización del estado no es posible y que el proyecto Elkarrekin Podemos/Unidos Podemos, por lo tanto, es irrealizable.

Basta pensar un segundo [que] la sociedad vasca que nos rodea es una sociedad de gran diversidad, extraordinariamente plural y “lo vasco”, lo que ambas concepciones nombran como tal, todo lo que tiene que ver con la lengua y la cultura vascas, está en todas partes.

Así se pronunciaba Atxaga sobre la pluralidad de la sociedad vasca. Una sociedad en la que los sentimientos identitarios son múltiples y se mantienen relativamente estables en el tiempo, una sociedad en la que las opciones de estatus también son plurales y ninguna mayoritaria por sí sola. En esa sociedad, un proyecto político de cambio debe basarse en hacer compatible un fuerte sistema de autogobierno con clara vocación social, defender sin complejos ni prejuicios la pluralidad de la sociedad vasca y ofrecer cauces eficaces para la expresión democrática de la ciudadanía. No vamos a vivir mejor si no podemos convivir, no vamos a convivir si no lo hacemos libremente y no podremos decidir sin una voluntad inequívoca de convivir.

En el ámbito del estatus territorial proponemos como punto de encuentro para esa diversidad, un modelo de estado federal, o con rasgos de confederalidad, vinculado a un estado social y de derecho. Son notables los indicios de que este modelo puede generar la adhesión de una mayoría amplia, plural y transversal en Euskadi.

Este proyecto político radicalmente democrático, cosmopolita e igualitario en lo social debe incorporar en pie de igualdad aspectos como el de nuestra especificidad cultural, particularmente el euskera. Se trata de un patrimonio extraordinario que debe alejarse de cualquier confrontación partidaria. De hecho, debe ser uno de los elementos que sirva para cohesionar a nuestra sociedad.

Los derechos lingüísticos no sólo deben quedar blindados en el nuevo estatuto, sino que debemos entenderlos en un sentido inclusivo y expansivo. Así, las personas que no conocen una de sus lenguas deben tener garantizado el derecho a aprenderla si así lo desean y a hacerlo de forma gratuita.

Asimismo, frente a su secular olvido institucional resulta pertinente señalar que en Euskadi desde hace siglos conviven con nosotras personas de otros pueblos como el gitano. Desde una apuesta sincera y clara por una interculturalidad basada en la integralidad de los derechos humanos debemos promover normas –empezando por las fundamentales– que protejan la diversidad y los derechos culturales. De un modo parecido, en una sociedad integradora e inclusiva como la vasca, con una presencia permanente y cada vez más diversa de personas procedentes de otros ámbitos geográficos, debemos garantizar políticas públicas que aseguren activamente su respeto.

También es clave entender que el euskera es un patrimonio compartido por las personas que vivimos en Euskadi y por muchos vascos y vascas que viven en otros territorios próximos geográfica y culturalmente. El nuevo estatuto tiene que abrir cauces y espacios formales e informales para naturalizar el intercambio cultural, social y económico en ese espacio geográfico. Especialmente con Navarra, desde el respeto a su capacidad de decisión autónoma.

Con estos elementos claros, la ciudadanía vasca está en condiciones de cimentar su futuro de manera abierta y activa, no en clave partidista y como mera espectadora. La ponencia es el primer paso de este proceso, pero no el último. Los demás están todos por inventar, y ahí no sobra nadie y faltamos todas y todos. “No será cosa de hoy, ni de mañana, pero ese momento utópico llegará”, escribía Atxaga. Para nosotras ese momento es aquí y es ahora.

 

Artículo original en publico.es