El cuento de la caperucita venezolana

Por Begoña Arnaldes

cap¡Qué suerte tenemos con la sanidad española, a pesar del maltrato de las listas de espera! Cuando vemos que la familia se nos va por culpa de un sistema que le obliga a tener un seguro privado,  la gente es capaz de inventarse hasta el cuento de caperucita, que es lo que le ha pasado a Lilian Tintori, consorte de Leopoldo López, a la que no le han faltado arrestos para salvar a la abuelita con el dinero de…. Bueno, eso es lo de menos.

La buena mujer, esposa, madre, activista y nieta como ella misma se ha definido, no se ha cortado en coger cuatro cajas e introducir todos  los billetes que ha podido, a falta de otros productos básicos de los que adolece la población; creo que por situaciones como esta lloraba Albert Rivera en su viaje a Venezuela en plena campaña electoral.

Ignoro el destino final de ese dinero, no vayamos a pensar que la oposición alberga aviesas intenciones como alentar altercados a destiempo mientras la población carece de productos de primera necesidad. Recuerdo el millón de euros que  apareció en lo alto del armario del suegro de Paco Granados y pienso: “¡cómo le va a la gente en esta España recuperada, que te encuentran un kilo en cualquier lugar y encima se te ha olvidado dónde lo habías puesto!” Yo sigo buscando en mi casa cuando hago limpieza, pero nada…

Lo mejor es comprar medicinas al por mayor para que no se produzca un desabastecimiento generalizado que ponga en riesgo la salud de la abuela; visto así, le otorgo el beneficio de la duda a esta caperucita de cuento y aceptamos Rafael Hernando como ser humano.

A 200 millones de bolívares asciende la discreta cantidad de esta señora, dicen los entendidos y las entendidas en el cambio monetario, unos 17 millones de  euros. ¡Ahí es nada! ¿Me han mentido en el telediario también en esto cuando me han dicho que Venezuela está muy mal? ¡Será verdad, cuando en las clínicas no aceptan transferencias ni ingresos bancarios, ni pago en cheque! ¡17 millones al contado, no vaya a ser que se devalúe en el camino de la clínica a casa! No es de extrañar que la ronden políticos de aquí, por si cae algo.

¿De dónde saca para vivir y viajar la señora Tintori? ¿Alguien le conoce un medio de vida? Pienso y adivino que el dinero no procede de Podemos, financiado por el ecuatoriano Correa según fuentes de toda solvencia; me entra la risa con el término. Entonces, ¿de dónde saca 17 millones esta señora? El PP la quiere sacar de Venezuela para que la oposición a Maduro siga teniendo una cabeza visible que no esté entre rejas.  Me pongo a pensar pero sin obsesionarme. ¡Igual el destino de las cajas para la abuelita eran otro concurrido paraíso fiscal! Así que, antes de rayarme con el asunto, enciendo la tele, ansiosa por ver las explicaciones abriendo telediarios antes de ver las revueltas venezolanas de los informativos de verano. Y mientras zapeo, le oigo a mi vecina tararear:  “¿En quéééé se mete, la chica de 17? ¿De dóóóónde saca, pa tanto como destacaaaa? Y ella diceeeee al verles en ese plaaaan: la que quiera coger peeeeeces que se moje al desfilaaaaar”. Y entonces pienso : “¡pues sí!”.

Artículo original en el blog de Begoña Arnaldes

Contra el espíritu de la venganza

Freddy Ñáñez, ex-ministro de Cultura de Venezuela y Presidente de Fundarte

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Una revolución es una empresa y una esperanza común que se construye y emprende en colectivo; es decir, desde el reconocimiento y la valoración positiva de la diferencia, el conflicto y la lucha. Siendo así, su mayor divisa es lograr inquietar todo lo que hasta el momento parecía insensible y transformar lo hasta ahora inmutable de la realidad y del pensamiento. Y esto incluye a la misma idea acuñada de revolución y de un ser revolucionario pre-existentes. Por esto, lo primero que vemos afectarse son las condiciones vigentes que hacen soportable la devaluación de la vida y la formalización de la miseria en todas sus dimensiones. El combate comienza entonces en el terreno del sentido, y su propósito no es otro que dilatarse hasta elevar el entendimiento al estadio de la permanente trasmutación de valores. De manera que el desafío de una revolución reside en la creación de algo nuevo y no tanto en su capacidad de destrucción.
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El primero de los valores que debe enfrentar tanto en el campo filosófico como en el psicológico y político es precisamente aquel que ha mantenido inmerso a los pueblos en la frustración histórica: el consabido espíritu de la venganza y sus consecuentes ideales negativos de la existencia, un tema ampliamente desarrollado y combatido por Nietzsche. El ojo por ojo, inscrito en el alma de occidente, no es el único de los principios que debe superar el pensamiento revolucionario; existen otras fórmulas que han legitimado el resentimiento, la revancha, la nostalgia o añoranza como la idea del paraíso perdido y la promesa del más allá como compensación; que en definitiva mantienen a la voluntad prisionera en la impotencia entre un pasado irremediable y un futuro irrealizable. La venganza se sostiene principalmente en esa concepción del tiempo fallido y suele pervertir el deseo de justicia que motoriza los cambios políticos y económicos indispensables en la transformación cultural. Deseo de justicia que en definitiva tiene como propósito hacernos más justos, y no jueces, como es la usanza.
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Las revoluciones que ha conocido la historia se han debatido éticamente en esta interpretación del tiempo, de las causas y del sujeto que en el fondo constituyen su razón de ser. Vengar lo que fue y esperar del futuro recompensa son precisamente los valores que atentan contra la vitalidad, la creación: todo lo que es capaz de encarnar esa fuerza colectiva. Este ánimo de revancha mantiene activa a la clase media nacional y es el verdadero combustible del fascismo. Como capital fundamental del pensamiento reaccionario, el principio de venganza es manejado por la propaganda desde el texto religioso con mucha alevosía para provocar no solo un apoyo irracional hacia las élites financieras que disputan hoy el aparato político, sino para neutralizar además cualquier germen libertario dentro de sus seguidores (a fin de cuentas, la clase media existe cuando unos pobres se creen mejor que otros). En cuanto a nosotros, conviene seguir en la afirmación del proceso como voluntad de transformación y emergencia de sentido, y esto supone aceptar también todas las condiciones que lo han hecho posible. La ley contra el odio, propuesta por el Presidente de la ANC, ya comienza a ser un debate nacional y, en pleno reflujo del racismo en el mundo, es urgente se materialice con ella una victoria ética contra el espíritu de la venganza.